Origen y evolución de las aves

del Archaeopterix al Archaeoptchugis*


Sergio E. Avilés




Archaeopteryx: la primera de las aves
escuche la narración

(voz de Aldegundo Garza de León)

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Si desea ver algunas ilustraciones del Archeopteryx como debió verse en sus días, visite el Museo de Paleontología de la Universidad de Berkeley.


Después de ver los pleitos, guerras y escaramuzas que libran los científicos modernos por algo tan sencillo como los nombres comunes de las aves, he llegado a la conclusión de que todo lo que nos digan debe ser cuestionado con la misma vehemencia con que a los seis años nos preguntamos si existe Santa Claus.

Sin embargo, hay datos históricos y algunos hechos y dichos que nos llevan a creer lo siguiente, por el momento:

Es posible que las aves desciendan de los dinosaurios.

Exhibición de dinosaurios en el Royal Ontario Museum.
(al menos así estaba en 1980, cuando tomé esta foto)

¿Por qué creemos que las aves descienden de los dinosaurios?


Creemos que las aves descienden de los dinosaurios por la misma razón por la que creemos que el hombre desciende del mono: ambos se parecen. Y mucho. Además, podemos remontarnos a los hechos:


Si desea ver el parecido de este gorila con el autor, visite esta página.

En 1863, Sir Richard Owen, entonces curador del Museo Británico de Historia Natural, describió un fosil encontrado en Pappenheim, Baviera, dos años antes, dándole el nombre de Archaeopteryx lithographica, que literalmente significa "ala antigua grabada en la piedra.''

No sabemos cómo terminó grabada en la piedra aquella ala antigua. Mi teoría -- pues yo también las tengo -- es que esa es la prueba viva de que el tatarabuelo de Willie Coyote tuvo en cierta ocasión éxito con una de sus trampas y logró estampar al tatarabuelo del correcaminos, dejándole caer una gran roca desde lo alto de la montaña.

También sabemos ahora que otro paleontólogo llamado von Meyer había encontrado ya en 1855 otro fósil de Archaeopteryx, sólo que lo confundió con un pterosaurio, dinosaurio planeador, Pterodactylus crassipes. Este error prueba uno de los postulados básicos de nuestra historia: los pájaros y los dinosaurios se parecen. Tanto como los chimpancés a algunos de nosotros.


Esta liga le llevará a una página dedicada al correcaminos (beep-beep), en inglés y francés.

Owen, el padrino del Archaeopteryx -- por haberle bautizado -- no creía en la teoría de la evolución publicada por Charles Darwin. Sin embargo, su ahijado se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de la evolución, pues muestra ciertas características de los reptiles y ciertas características de las aves.

Lo que nos lleva a otra pregunta: si el Archaeopteryx fue la primera ave, el ``ala antigua,'' ¿quién fue su abuelo? ¿No podría decirse que fue un ``ala recontrantigua?''

No, pues se supone que el abuelo del Archaeopteryx no tenía alas. A lo mejor tenía largos cabellos en los brazos, pero todavía no se enlazaban ni se especializaban para convertirse en plumas. Es como en una familia en la cual el bisabuelo fuera agricultor, el abuelo maestro y el padre doctor, conforme fueron teniendo oportunidades de estudio y acceso a las universidades. No quiere decir que el bisabuelo no tuviese la capacidad necesaria para ser doctor; simplemente que el medio y las circunstancias no se presentaron hasta unas generaciones más tarde. Esto es lo que se conoce como evolución; cambios graduales que con el tiempo producen una gran variedad de individuos, aunque aquellos que existieron en el pasado ya se hayan extinguido.

El Archaeopteryx fue seguramente un animal muy pobre, pues con la crisis de identidad tan grande que debió haber padecido al no definirse bien como reptil o como ave, gastó seguramente toda la fortuna que heredó de sus antepasados en sicoterapia. De reptil tenía escamas, hocico y dientes... de ave, plumas, patas propias para posarse en las ramas y un hueso de la suerte, que pudiésemos decir hace en las aves la función de nuestras dos clavículas.

Pero, me dirá usted, si el fósil del Archaeopteryx tiene 140 millones de años de edad, ¿a quién le interesaba el hueso de la suerte de aquel animal, cuando todavía no había humanos en este planeta?

Bueno, para el caso en aquel tiempo tampoco había pavos con qué celebrar la Navidad, ni se celebraba la Navidad porque Adán y Eva ni siquiera vivían todavía en el paraíso y faltaban muchos siglos para que naciera el Niño Dios. Es difícil también pensar en una familia de Tiranosaurios asando un Archaeopteryx para celebrar el Día de Gracias, imaginando que sus pequeños se pelearían por la oportunidad de pedir un deseo quedándose con más de la mitad del hueso de la suerte de aquel esqueleto del ``ala antigua.''

``Yo quiero una ala antigua,'' diría la niña. ``Yo, una pata antigua (¿archaeopatix?),'' gritaría el pequeñín. ``¿Tú qué quieres, cariño?'' preguntaría mamá Tiranosuaria a su marido. ``Yo quiero pechuga antigua (archaeoptchugis, a lo mejor diría).''

¡Ja! Resulta que el Archaeopteryx no tenía pechuga. En las aves, las pechugas se encuentran a ambos lados de un hueso en forma de quilla, que el Archaeopteryx tampoco tenía. Las pechugas son grandes músculos que les sirven a los pájaros para mover sus alas y volar. Por faltarle, algunos científicos creen que el Archaeopteryx no podía volar. En 1984, R. A. Thulborn publicó un artículo en el que dice que el Archaeopteryx no es un ave, basándose en cuidadosos estudios de su forma, y lo transfiere al orden de los terápodos, mismo de algunos dinosaurios como los tiranosáuridos.



Una prueba más de que, como los chimpancés y algunos de nosotros, los dinosaurios y los pájaros se parecen, y mucho.


¿Creen ustedes en lo que les estoy diciendo? ¿Son ``pruebas'' realmente el que dos o más científicos digan que algo es cierto? No. Prueba sería ceñirse al método científico y producir experimentos de resultados comprobables y repetibles. Para eso tendríamos que tomar algunos dinosaurios y hacer ciertas cruzas entre ellos, para que con el paso de los millones de años llegáramos a tener en nuestras manos un Archaeopteryx vivo y coleando con los poderosos músculos de su apéndice posterior, antes de que el coyote tuviera oportunidad de convertirlo de nuevo en lito-estampilla postal.

Pero para eso tendríamos que aplicar técnicas como las del Parque Jurásico, sólo que antes, como en el Parque Cretácico o algo por el estilo... esas fechas siempre se me confunden. Como no podemos por el momento hacerlo, tenemos que seguir soportando a los cretinácicos y otros colegas quienes, ciegos al parecido entre las aves y dinosaurios, dicen incluso que el fósil del Archaeopteryx es falso, que está formado por huesos de lagartija y plumas de gallo (Fred Hoyle, un astrónomo británico que aparentemente puede ver estrellas pero no más allá de su nariz).
El y sus colegas proponen que la evolución no fue gradual sino repentina. Dicen que viene de masivas mutaciones causadas por invasiones temporales de -- gulp -- virus extraterrestres.

Yo prefiero la teoría de que después del Archaeopteryx vino un ave que sí tenía pechuga (¿cómo le llamaríamos? ¿Archeoptchugis?) y así hasta nuestros días, en que hay más de 9,000 especies de aves distintas en todo el mundo, más de 1,000 de ellas en México, como veremos más adelante.

Resumiendo, actualmente creemos que las aves se originaron en el periodo Jurásico, hace 200 millones de años, conviviendo con los dinosaurios más adelante en el Cretácico y evolucionando hasta nuestros días.

Ya sobrevivieron a los dinosaurios, extintos hace 65 millones de años. Pero no se han salvado del peligro y por ello es importante estudiarlas, conocerlas, observarlas y cuidarlas.


En cuanto a Santa Claus, nuestra opinión es que sí existe, que vive en el Polo Norte y que su trineo no es tirado por renos, que como todos sabemos nunca han volado, sino por doce enormes cisnes trompeteros (Cygnus olor), uno de los cuales tiene el pico tan rojo que brilla en la oscuridad.



Los términos Archaeoptchugis, Archaeopatix y otros son invento del autor. (vaya al inicio de esta página)


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© 1996, Sergio E. Avilés/Museo de las Aves de México
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