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Si desea ver algunas ilustraciones del Archeopteryx como debió verse en sus días, visite el Museo de Paleontología de la Universidad de Berkeley.
Después de ver los pleitos, guerras y
escaramuzas que libran los científicos modernos por algo tan sencillo
como los nombres comunes de las aves, he llegado a la conclusión
de que todo lo que nos digan debe ser cuestionado con la misma vehemencia
con que a los seis años nos preguntamos si existe Santa Claus.
Sin embargo, hay datos históricos y algunos hechos y dichos que nos
llevan a creer lo siguiente, por el momento:

¿Por qué creemos que las aves descienden de
los dinosaurios?
Creemos que las aves descienden de los dinosaurios por la misma razón por la que creemos que el hombre desciende del mono: ambos se parecen. Y mucho. Además, podemos remontarnos a los hechos:

En 1863, Sir Richard Owen, entonces curador del Museo
Británico de Historia Natural, describió un fosil encontrado
en Pappenheim, Baviera, dos años antes, dándole el nombre
de Archaeopteryx lithographica, que literalmente significa
"ala antigua grabada en la piedra.''
No sabemos cómo terminó grabada en la piedra aquella ala antigua.
Mi teoría -- pues yo también las tengo -- es que esa es la
prueba viva de que el tatarabuelo de Willie Coyote tuvo en cierta ocasión
éxito con una de sus trampas y logró estampar al tatarabuelo
del correcaminos, dejándole caer una gran roca desde lo alto de la
montaña.
También sabemos ahora que otro paleontólogo
llamado von Meyer había encontrado ya en 1855 otro fósil
de Archaeopteryx, sólo que lo confundió con un pterosaurio,
dinosaurio planeador, Pterodactylus crassipes. Este error prueba
uno de los postulados básicos de nuestra historia: los pájaros
y los dinosaurios se parecen. Tanto como los chimpancés a algunos
de nosotros.
Owen, el padrino del Archaeopteryx -- por haberle bautizado -- no creía
en la teoría de la evolución publicada por Charles Darwin.
Sin embargo, su ahijado se ha convertido en uno de los ejemplos más
claros de la evolución, pues muestra ciertas características
de los reptiles y ciertas características de las aves.
Lo que nos lleva a otra pregunta: si el Archaeopteryx fue la primera
ave, el ``ala antigua,'' ¿quién fue su abuelo? ¿No
podría decirse que fue un ``ala recontrantigua?''
No, pues se supone que el abuelo del Archaeopteryx no tenía alas.
A lo mejor tenía largos cabellos en los brazos, pero todavía
no se enlazaban ni se especializaban para convertirse en plumas. Es como
en una familia en la cual el bisabuelo fuera agricultor, el abuelo maestro
y el padre doctor, conforme fueron teniendo oportunidades de estudio y acceso
a las universidades. No quiere decir que el bisabuelo no tuviese la capacidad
necesaria para ser doctor; simplemente que el medio y las circunstancias
no se presentaron hasta unas generaciones más tarde. Esto es lo que
se conoce como evolución; cambios graduales que con el tiempo producen
una gran variedad de individuos, aunque aquellos que existieron en el pasado
ya se hayan extinguido.
El Archaeopteryx fue seguramente un animal muy pobre, pues con la crisis
de identidad tan grande que debió haber padecido al no definirse
bien como reptil o como ave, gastó seguramente toda la fortuna que
heredó de sus antepasados en sicoterapia. De reptil tenía
escamas, hocico y dientes... de ave, plumas, patas propias para posarse
en las ramas y un hueso de la suerte, que pudiésemos decir hace en
las aves la función de nuestras dos clavículas.
Bueno, para el caso en aquel tiempo tampoco había pavos con qué
celebrar la Navidad, ni se celebraba la Navidad porque Adán y Eva
ni siquiera vivían todavía en el paraíso y faltaban
muchos siglos para que naciera el Niño Dios. Es difícil también
pensar en una familia de Tiranosaurios asando un Archaeopteryx para celebrar
el Día de Gracias, imaginando que sus pequeños se pelearían
por la oportunidad de pedir un deseo quedándose con más de
la mitad del hueso de la suerte de aquel esqueleto del ``ala antigua.''
``Yo quiero una ala antigua,'' diría la niña. ``Yo, una
pata antigua (¿archaeopatix?),'' gritaría el pequeñín.
``¿Tú qué quieres, cariño?'' preguntaría
mamá Tiranosuaria a su marido. ``Yo quiero pechuga antigua (archaeoptchugis,
a lo mejor diría).''
¡Ja! Resulta que el Archaeopteryx no tenía pechuga. En las
aves, las pechugas se encuentran a ambos lados de un hueso en forma de quilla,
que el Archaeopteryx tampoco tenía. Las pechugas son grandes músculos
que les sirven a los pájaros para mover sus alas y volar. Por faltarle,
algunos científicos creen que el Archaeopteryx no podía volar.
En 1984, R. A. Thulborn publicó un artículo en el que dice
que el Archaeopteryx no es un ave, basándose en cuidadosos estudios
de su forma, y lo transfiere al orden de los terápodos, mismo de
algunos dinosaurios como los tiranosáuridos.
Una prueba más de que, como
los chimpancés y algunos de nosotros, los dinosaurios y los pájaros
se parecen, y mucho.¿Creen ustedes en lo que les estoy diciendo? ¿Son ``pruebas''
realmente el que dos o más científicos digan que algo es cierto?
No. Prueba sería ceñirse al método científico
y producir experimentos de resultados comprobables y repetibles. Para eso
tendríamos que tomar algunos dinosaurios y hacer ciertas cruzas entre
ellos, para que con el paso de los millones de años llegáramos
a tener en nuestras manos un Archaeopteryx vivo y coleando con los poderosos
músculos de su apéndice posterior, antes de que el coyote
tuviera oportunidad de convertirlo de nuevo en lito-estampilla postal.
Pero para eso tendríamos que aplicar técnicas como las del
Parque Jurásico, sólo que antes, como en el Parque Cretácico
o algo por el estilo... esas fechas siempre se me confunden. Como no podemos
por el momento hacerlo, tenemos que seguir soportando a los cretinácicos
y otros colegas quienes, ciegos al parecido entre las aves y dinosaurios,
dicen incluso que el fósil del Archaeopteryx es falso, que está
formado por huesos de lagartija y plumas de gallo (Fred Hoyle, un astrónomo
británico que aparentemente puede ver estrellas pero no más
allá de su nariz).
El y sus colegas proponen que la evolución no fue gradual sino repentina.
Dicen que viene de masivas mutaciones causadas por invasiones temporales
de -- gulp -- virus extraterrestres.
Yo prefiero la teoría de que después del Archaeopteryx vino
un ave que sí tenía pechuga (¿cómo le llamaríamos?
¿Archeoptchugis?) y así hasta nuestros días, en que
hay más de 9,000 especies de aves distintas en todo el mundo, más
de 1,000 de ellas en México, como veremos más adelante.

Resumiendo, actualmente creemos que las aves se originaron en el periodo
Jurásico, hace 200 millones de años, conviviendo con los dinosaurios
más adelante en el Cretácico y evolucionando hasta nuestros
días.
Ya sobrevivieron a los dinosaurios, extintos hace 65 millones de años.
Pero no se han salvado del peligro y por ello es importante estudiarlas,
conocerlas, observarlas y cuidarlas.
En cuanto a Santa Claus, nuestra opinión es que sí existe, que vive en el Polo Norte y que su trineo no es tirado por renos, que como todos sabemos nunca han volado, sino por doce enormes cisnes trompeteros (Cygnus olor), uno de los cuales tiene el pico tan rojo que brilla en la oscuridad.