
En las aves, los órganos de los sentidos
son en todo semejantes a los del hombre; es decir poseen vista, oído,
olfato, gusto, tacto, sentido térmico y de orientación en
el espacio. Sin embargo, el desarrollo de los diferentes sentidos sí
difiere de los del hombre, siendo la vista el más importante para
ellas.
Es difícil explicar la migración de las aves sin aceptar que
tienen una especial sensibilidad para las direcciones geográficas,
al curso del tiempo diurno y anual y las fuerzas magnéticas de la
Tierra.
Vista
Las aves poseen una vista excelente. La mayoría tienen ojos laterales
con poca movilidad, por lo que cada ojo tiene un panorama diferente. En
ellas no existe la visión binocular. Otras, como las lechuzas y los
búhos, tienen los ojos frontales.
Su visión se asemeja a la humana, excepto en que carecen de visión
tridimensional --sentido de profundidad -- poseen una mayor sensibilidad
al movimiento, su percepción nocturna es de 10 a 100 veces superior
y su agudeza visual es 2 a 3 veces mayor a la nuestra.
Olfato
Hasta la fecha, los biólogos no han llegado a un acuerdo con respecto
a la importancia del olfato para la mayoría de las aves.
Numerosos estudios experimentales han demostrado que el olfato, por lo general,
está poco desarrollado. Sin embargo hay pruebas de que gracias a
él los zopilotes, los fulmares y los petreles pueden localizar su
alimento.
Oído
En las aves, el oído es el segundo sentido en importancia. El oído
externo es un pequeño orificio situado detrás de los ojos,
recubierto por un parche de plumas que, con frecuencia, tiene distinto colorido
al resto del cuerpo. No hay orejas. La capacidad auditiva de las aves se
extiende de 200 a 10,000 ciclos/seg. En comparación con el hombre,
cuyo rango varía de 15 a 20,000 ciclos/seg.
El oído interno está ampliamente desarrollado e interviene
en el equilibrio y la orientación.