
A partir de entonces, dicha comunidad de maestros Jesuitas amplió
las construcciones, transformando la antigua Capilla en el actual Templo
de San Juan Nepomuceno y, adyacente a él, en su costado sur, un edificio
para dar cabida al Colegio de San Juan, mismo que fue adquiriendo creciente
prestigio hasta llegar a ser uno de los centros educativos más afamados
de la República.
Pronto surgió la necesidad de construir más espacios académicos
en él. Frente al espacioso jardín, que es el que se encuentra
en la actualidad, edificaron las áreas de recepción y dirección,
al lado oriente las aulas y el museo de historia natural - precisamente
donde se habilitaron las salas de exposición del Museo de las Aves
- al fondo el comedor y los dormitorios, y del lado poniente, donde se encuentra
hoy el auditorio, una hermosa capilla dedicada al Sagrado Corazón.
Es curioso hacer notar que de acuerdo a testimonios fotográficos,
la palmera que se yergue en el patio es la que originalmente plantaron los
maestros jesuitas el siglo pasado.
Por las aulas de este colegio pasaron alumnos que llegarían a ser
personajes de mucha relevancia en México: Francisco I. Madero,
los hermanos Alessio Robles, Carlos Pereyra, etcétera.
El año de 1915 las tropas revolucionarias tomaron el Colegio, devastando
sus instalaciones y destruyendo las áreas del internado y la capilla.
Posteriormente, en 1931, el edificio pasó a ser propiedad federal,
ocupándolo el batallón militar destacamentado en esta
región y luego, a partir de los años cincuentas, fue sede
sucesivamente del Congreso del Estado, la Policía Federal de Caminos,
la Secretaría de Agricultura y otras dependencias federales y estatales,
deteriorándose cada vez más las diversas instancias de la
construcción.
El año de 1992 el Gobierno del Estado determinó reconstruir
y adaptar este edificio en su totalidad para alojar en él el
"Museo de las Aves de México" cedido a la
ciudad, al Estado y a México por don Aldegundo Garza de León,
quien lo formó tras cuarenta y dos años de arduos empeños
como ornitólogo.
Este edificio del antiguo Colegio de San Juan vuelve así a cobrar
vida y su indeclinable vocación a la cultura y a la enseñanza
de las generaciones presentes y del provenir.

© 1996, Sergio E. Avilés