
El color del plumaje está determinado
por la combinación de varios factores como son la presencia de compuestos
químicos -- pigmentos -- la dieta del animal y el fenómeno
de refracción de la luz.
Los colores rojos, amarillos, naranjas y cafés provienen de los pigmentos
contenidos en los alimentos, por lo que pueden cambiar al modificarse la
dieta. El azul es producido por una capa de células incoloras que
dispersan la luz y reflejan solamente la longitud de onda correspondiente
a este color. Los tonos verdes son una mezcla de células reflectoras
de azul y pigmentos amarillos. Los colores iridiscentes -- reflejos metálicos
-- se deben a la presencia de pequeñísimas estructuras que
reflejan los colores de acuerdo al ángulo en que reciban la luz.
Cuando hay un exceso de pigmento oscuro o de color café el ejemplar
será más oscuro que el resto de su especie. Este fenómeno
es llamado melanismo.
Coloración protectora

El arte del camuflaje se atribuye a un invento
reciente de las técnicas militares, pero en la naturaleza no constituye
novedad alguna. La supervivencia y el desarrollo de las aves que anidan
sobre el suelo dependen de la protección que su plumaje les brinda.
En numerosas especies de patos silvestres, zarapitos, gangas, faisanes,
codornices, tapacaminos y trogloditas, las hembras y los polluelos presentan
una gama de matices y manchas negras, pardas, grises y amarillentas que
se funden y armonizan con el ambiente donde viven y anidan, lo que hace
difícil descubrir su presencia.
