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Aldegundo Garza de León

fundador de la colección del Museo de las Aves de México

Entrevista de Sergio E. Avilés publicada en la revista DUMAC, Nov-Dic, 1980.
Actualizada, enero de 1996.

"Para mí, vale principalmente el sentimiento emotivo de dejar a mis hijos un mundo que valga la pena observar."


¿Por qué dedicar la vida a coleccionar, clasificar y disecar aves? La tarea de reunir a representantes de todas las especies que habitan o visitan México en sus migraciones no es sencilla; supone el internarse en una selva poblada de reptiles tras de un quetzal, meses dedicados a la búsqueda del águila arpía, espinarse en un rosal de enredadera por un colibrí, rastrear con esmero, preguntar, leer, fallar y volver a comenzar...


Tal es en resumen la vida de Aldegundo Garza de León. Su colección, hecha con propósitos completamente altruistas, no tiene igual en el país: reúne a más del 70% del total de las especies mexicanas y sus ejemplares -- en gran medida preparados por el mismo -- son verdaderas joyas de taxidermia en su contexto natural.

Tampoco el nombre que como ornitólogo se ha formado Garza de León en el medio biológico nacional e internacional se iguala fácilmente.

No es él un millonario excéntrico -- excéntrico tal vez -- que se dedique a planear expediciones al estilo Verne por la selva Lacandona. Aldegundo trabaja personalmente como comerciante. Las aves son un pasatiempo que comenzó en los años 40s.


El primer ejemplar es un águila real cobrada en 1952.

(Aquila chrysaetus)

Por admisión propia, la escuela nunca le atrajo gran cosa y su papá aprovechó su amor por la cacería "para quitarle lo tarolas," ya que sin buenas calificaciones no había ni rifle ni balas.

Al desilusionarse por el valor comercial que se impone a los grandes trofeos de caza, Aldegundo decidió concentrar su atención en las aves. "El cazador de pájaron no necesita de tanta economía para cobrar una pieza, pero requiere de igual o mayor perseverancia, afición y talento que el cazador de piezas grandes."

"Del conocimiento que podamos obtener de las aves y animales que habitan las mismas tierras que nosotros depende tanto su supervivencia como la nuestra. Una colección de este tipo proporciona los datos clave sobre las características del hábitat y sus peligros potenciales, así como las tendencias evolutivas de las especies y su interrelación."

Además, los principios morales que pueden extraerse del comportamiento animal son definitivos; desde Darwin sabemos que su principal objetivo es comer y no ser comidos. Ni siquiera en una máquina de matar como el halcón peregrino (Falco peregrinus) hay malicia, sólo interés por sobrevivir. Como ejemplo del carácter salvaje, menciona Aldegundo:

"La sobrepoblación es controlada por los animales por razones absolutas. Ninguno de ellos cría medios hijos. Nos vamos a encontrar con especies que tienen desde dos hasta veinte hijos por año, pero la natalidad es determinada simplemente por el lapso en que los nuevos aprenden a valerse por sí mismos. En el mundo animal, todo tiene una razón."

"Lo que más me preocupa es enterarme hasta qué punto estamos afectando a las especies animales con las alteraciones a su medio ambiente. Esas talas enormes en Chiapas y Veracruz, esa falta de atención a los lugares donde se tira y se quema la basura, esa desconsideración de la gente que sale al campo y abandona plásticos y desperdicios no degradables... estamos convirtiendo la Tierra en un basurero y es nuestra responsabilidad con las generaciones futuras corregirnos."

"En el jardín o en plena calle están los pájaros' pueden ser observados y se puede aprender de ellos."

"Hay aves que dan pie a que se establezca una relación antropomórfica. El águila, por ejemplo, porta un mensaje de respeto que heredamos de muchas generaciones atrás. Este se debe a la reverencia humana por el acto de volar y por el ver de lejos, con todos los significados de la frase; ver hacia el futuro como ver a grandes distancias."

"Mientras que el chuparrosas (en este caso, un Colibri thalassinus) es símbolo de ternura e inspira curiosidad, considerándosele cerca a un terroncito de azúcar, el aura (Cathartes aura) es sinónimo de muerte. Es, como símbolo, contrario a la vida.

"Aunque en realidad, el colibrí es sumamente agresivo con sus compañeros. No soporta la presencia de otros dentro de su territorio. Por su parte, el aura es pacífica y sociable, siendo igual si no más benéfica para nosotros, pues evita un sinnúmero de epidemias."

Las aves seguramente tienen algún otro tipo de fuerza aparte de la física, pues no tienen mucho peso y son relativamente pequeñas. La paradoja agilidad-fragilidad fue probablemente la que dirigió a Aldegundo en los inicios de su experiencia como colector. Recuerda que el primero de enero de 1950 cobró una aguililla negra (Buteogallus urubitinga), preguntándose si existiría una especie de aguililla blanca (Leucopternis albicollis). Años después organizó la expedición a la selva tropical para colectarla.

Nos cuenta que su ejemplar fue cazado con un tiro largo en un día lluvioso. "Para llegar hasta ella tuvimos que cruzar un río por un puente colgante, de una sola barandilla y en general en no muy buen estado. No me preocupaba el rifle o el río crecido, siempre que las plumas del aguililla no se mancharan.

"Es común encontrarnos con los más bellos plumajes en los sitios que consideramos sucios. Si se mantienen limpias es porque saben por dónde andan. La garza (Casmerodius albus) que cruza el pantano sin mancharse lo cruza porque sabe por dónde."*



La naturaleza proporciona protección a las aves mediante la reproducción masiva. Ellas, a su vez, se protegen localizando sus nidos en lugares inaccesibles como troncos huecos o pequeños islotes, como el pato maderero o la grulla y con el mimetismo en las hembras y en los jóvenes, siendo el macho más llamativo y mejor presa de los predadores.

Y hablando de predadores, con pocos se siente un ave tan intranquila como con el hombre. Aldegundo nos cuenta la historia de una hurraca (Quiscalus mexicanus) que platicaba con un cuervo (Corvus corax).

"La hurraca mencionó al cuervo que cuando veía que un hombre se agachaba, lo mejor era correr, pues seguramente había recogido una piedra para arrojársela. A esto, el cuervo respondió: Si veo a un hombre, aunque no se agache me voy, porque a lo mejor ya trae la piedra en la mano."


"Aunque un cuervo no repara en destruir el nido de otra ave para procurarse alimento, es un animal simpático por astuto e inteligente. Es, en las aves, lo que el coyote en los mamíferos.

"En un nido de cuervo uno puede encontrarse hasta calcetines, pedazos de llanta, canicas y todo tipo de cosas. Son también coleccionistas, pero indudablemente su mayor característica es la de ser descarados. Su arrojo merece si no elogio cuando menos un cuidadoso estudio.

En conclusión, tenemos que el mundo de las aves es mucho muy extenso y casi impenetrable. Lo único que de él conocemos es la relación que tiene con lo humano. Las actitudes antropomórficas de los pájaros son, sin embargo, originales y herencia de la raza humana. Mediante la observación y el estudio podemos mantenernos fieles a esa herencia, sin otro fin que el de continuar indefinidamente nuestras estructuras y cadenas biológicas.

Observando podemos aprender a convivir con el resto de las especies.



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*y porque tiene patas muy largas
(regrese a donde estaba, y mil disculpas, pero no pude resistirlo)
© 1996, Sergio E. Avilés
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