"Para mí, vale principalmente el sentimiento
emotivo de dejar a mis hijos un mundo que valga la pena observar."
Tal es en resumen la vida de Aldegundo Garza de León. Su colección,
hecha con propósitos completamente altruistas, no tiene igual en
el país: reúne a más del 70% del total
de las especies mexicanas y sus ejemplares -- en gran medida preparados
por el mismo -- son verdaderas joyas de taxidermia en su contexto natural.
Tampoco el nombre que como ornitólogo se ha formado Garza de León
en el medio biológico nacional e internacional se iguala fácilmente.
No es él un millonario excéntrico -- excéntrico tal
vez -- que se dedique a planear expediciones al estilo Verne por la selva
Lacandona. Aldegundo trabaja personalmente como comerciante. Las aves son
un pasatiempo que comenzó en los años 40s.

El primer ejemplar es un águila real cobrada en 1952.
Por admisión propia, la escuela nunca le atrajo gran cosa y su
papá aprovechó su amor por la cacería "para quitarle
lo tarolas," ya que sin buenas calificaciones no había ni rifle
ni balas.
Al desilusionarse por el valor comercial que se impone a los grandes trofeos
de caza, Aldegundo decidió concentrar su atención en las aves.
"El cazador de pájaron no necesita de tanta economía
para cobrar una pieza, pero requiere de igual o mayor perseverancia, afición
y talento que el cazador de piezas grandes."
Además, los principios morales que pueden extraerse
del comportamiento animal son definitivos; desde Darwin sabemos que su principal
objetivo es comer y no ser comidos. Ni siquiera en una máquina de
matar como el halcón peregrino (Falco peregrinus) hay
malicia, sólo interés por sobrevivir. Como ejemplo del carácter
salvaje, menciona Aldegundo:
"La sobrepoblación es controlada por los animales por razones
absolutas. Ninguno de ellos cría medios hijos. Nos vamos a encontrar
con especies que tienen desde dos hasta veinte hijos por año, pero
la natalidad es determinada simplemente por el lapso en que los nuevos
aprenden a valerse por sí mismos. En el mundo animal, todo tiene
una razón."
"Lo que más me preocupa es enterarme hasta qué punto
estamos afectando a las especies animales con las alteraciones a su medio
ambiente. Esas talas enormes en Chiapas y Veracruz, esa falta de atención
a los lugares donde se tira y se quema la basura, esa desconsideración
de la gente que sale al campo y abandona plásticos y desperdicios
no degradables... estamos convirtiendo la Tierra en un basurero y es
nuestra responsabilidad con las generaciones futuras corregirnos."
"En el jardín o en plena calle están los pájaros'
pueden ser observados y se puede aprender de ellos."
"Hay aves que dan pie a que se establezca una relación antropomórfica.
El águila, por ejemplo, porta un mensaje de respeto que heredamos
de muchas generaciones atrás. Este se debe a la reverencia humana
por el acto de volar y por el ver de lejos, con todos los significados de
la frase; ver hacia el futuro como ver a grandes distancias."
"Mientras que el chuparrosas
(en este caso, un Colibri thalassinus) es símbolo de ternura
e inspira curiosidad, considerándosele cerca a un terroncito de azúcar,
el aura (Cathartes aura) es sinónimo de muerte. Es,
como símbolo, contrario a la vida.
"Aunque en realidad, el colibrí es sumamente agresivo con sus
compañeros. No soporta la presencia de otros dentro de su territorio.
Por su parte, el aura es pacífica y sociable, siendo igual si no
más benéfica para nosotros, pues evita un sinnúmero
de epidemias."
Las aves seguramente tienen algún otro tipo de fuerza aparte de la
física, pues no tienen mucho peso y son relativamente pequeñas.
La paradoja agilidad-fragilidad fue probablemente la que dirigió
a Aldegundo en los inicios de su experiencia como colector. Recuerda que
el primero de enero de 1950 cobró una aguililla negra (Buteogallus
urubitinga), preguntándose si existiría una especie
de aguililla blanca (Leucopternis albicollis). Años
después organizó la expedición a la selva tropical
para colectarla.

Nos cuenta que su ejemplar fue cazado con un tiro largo en un día
lluvioso. "Para llegar hasta ella tuvimos que cruzar un río
por un puente colgante, de una sola barandilla y en general en no muy buen
estado. No me preocupaba el rifle o el río crecido, siempre que las
plumas del aguililla no se mancharan.

La naturaleza proporciona protección a las aves mediante la
reproducción masiva. Ellas, a su vez, se protegen localizando sus
nidos en lugares inaccesibles como troncos huecos o pequeños islotes,
como el pato maderero o la grulla y con el mimetismo en las hembras y en
los jóvenes, siendo el macho más llamativo y mejor presa de
los predadores.
Y hablando de predadores, con pocos se siente un ave tan intranquila
como con el hombre. Aldegundo nos cuenta la historia de una hurraca
(Quiscalus mexicanus) que platicaba con un cuervo (Corvus
corax).

"Aunque un cuervo no repara en destruir el nido de otra ave para procurarse
alimento, es un animal simpático por astuto e inteligente. Es, en
las aves, lo que el coyote en los mamíferos.
"En un nido de cuervo uno puede encontrarse hasta calcetines, pedazos
de llanta, canicas y todo tipo de cosas. Son también coleccionistas,
pero indudablemente su mayor característica es la de ser descarados.
Su arrojo merece si no elogio cuando menos un cuidadoso estudio.
En conclusión, tenemos que el mundo de las aves es mucho muy extenso
y casi impenetrable. Lo único que de él conocemos es la relación
que tiene con lo humano. Las actitudes antropomórficas de los pájaros
son, sin embargo, originales y herencia de la raza humana. Mediante la observación
y el estudio podemos mantenernos fieles a esa herencia, sin otro fin que
el de continuar indefinidamente nuestras estructuras y cadenas biológicas.
Observando podemos aprender a convivir con el resto de las especies.
